viernes, 6 de julio de 2012

Keny Arkana - V de verdad (Subtitulado en español)






REPORTAJE

La música que nos interesa es aquella que surge desde la calle, que no necesita de las tribunas massmediaticas para su exposición y que irrumpe como un ruido que golpea las conciencias, denunciando y construyendo un discurso crítico y que además ha sido capaz de crear un circuito en donde se genera contracultura, se escribe acerca de temas específicos, se discute y se producen instancias subjetivas que producen subversión, consideramos ese tipo de música que se aleja del mainstream, del negociado de la música, que se niega a ser parte de las formas que impone el sistema al cual denuncia, utilizando maneras de trabajo autónomas y autogestionadas, alejándose del modelo impuesto cuyo lema es: sexo, drogas y rock, evidenciando una manera de producir instancias grupales que generan una suerte de contracultura, es así como hace ya varios años en Chile, por ejemplo se ha gestionado una comunidad de personas cuyas ideas políticas se relacionan y que se niega a perecer, desde estos espacios han surgido un sinnúmeros de grupúsculos dedicados sobre todo a acciones políticas de diversas índoles, esto se relaciona de cierta manera con aquella visión del poder que posee Hannah Arend quien escribe acerca de aquella capacidad colectiva que posee la comunidad en el marco de lo público, la cual necesita de cohesión grupal y que se encuentra en total dicotomía con respecto al autoritarismo, es interesante develar desde aquí la propuesta de comunidad que se ha construido en torno a este tipo de música; “el poder es el elemento que surge allá donde los seres humanos se agrupan constituyendo un espacio público como resultado del despliegue de sus discursos y acciones”[1];entonces podemos rescatar dicha definición para comprender y darle un sentido a esta comunidad que espontáneamente ha surgido por el deseo de varios y que ha permanecido durante varios años bajo la gran premisa del hazlo tu mismo, existiendo cohesión y generando instancias de poder, por tanto dentro de esta comunidad se han establecido vínculos para crear nuevas maneras de relaciones, para estrechar lazos que hacen que la subjetividad mute hacía formas más humanizadas, en donde la organización es la clave para producir instancias de poder, para ello es necesario combatir los espacios totalitarios, con el fin de recuperar el espacio público, en este sentido cobra fuerza el sentido de la música como plataforma de denuncia, y por sobre todo, como forma de producir subjetividad, en el sentido que lo plantea Felix Guattarí en su libro Caosmosis, quien concibe a la subjetividad como producida por diferentes instancias individuales, colectivas e institucionales en las cuales los diversos registros semióticos que concurren a engendrar dicha subjetividad -o subjetividades- no mantienen, de ninguna manera, relaciones jerárquicas obligadas que sean establecidas de una vez por todas y para siempre: la subjetividad no conoce ninguna instancia dominante de determinación que gobierne a las demás instancias como respuesta a una causalidad unívoca, de esta manera se constituyen variadas formas de vida que guarda relación con la música, articulada desde una visión crítica de mundo, y que se niega a estructurarse en la “normopatía” imperante, estamos hablando entonces de algo más que simple música, es decir podemos comprender un verdadero estilo de vida que se nutre a partir de la comunidad, y que encuentra su eje en la composición de la vida como una obra musical y critica.


“¡Sólo en tanto creadores podemos aniquilar! Pero tampoco olvidemos esto: basta con crear nuevos nombres y valoraciones y probabilidades, para crear a la larga nuevas ‘cosas’” (NIETZSCHE, Friedrich, "La ciencia jovial").



[1] Carlos Pressacco y Pablo Salvat, Política, poder y espacio público en el pensamiento de Hanna Arendt. Una aproximación desde acá, Pág. 56

miércoles, 4 de julio de 2012




Al asumir Salvador Allende como Presidente de la República de Chile, Jara es nombrado Embajador Cultural y en 1971 compone la música, junto con Celso Garrido Lecca, de la obra de ballet Los siete estados, de Patricio Bunster, para el Ballet nacional de Chile. Junto a Isabel Parra e Inti-Illimani entra en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado. Con la discográfica Dicap edita el disco El derecho de vivir en paz, que le vale el premio Laurel de Oro a la mejor composición del año.
Trabaja como compositor de música para continuidad en la Televisión nacional de Chile de 1972 a 1973, e investiga y recopila testimonios en Herminda de la Victoria, en los cuales basaría su disco La Población. También viaja a la URSS y a Cuba, y dirige el homenaje a Pablo Neruda por la obtención del Premio Nobel.
Los campesinos de Ránquil lo invitan a la realización de una obra musical sobre el lugar, y dentro de su compromiso social, toma parte en los trabajos voluntarios para impedir la paralización del país causada por una huelga de camioneros.
Ese mismo compromiso lo llevará en 1973 a realizar diferentes actos, participando en la campaña electoral para las elecciones al parlamento a favor de los candidatos de la Unidad Popular y, respondiendo a un llamado de Pablo Neruda, participa dirigiendo y cantando en un ciclo de programas de televisión contra la guerra y el fascismo. Trabaja simultáneamente en la preparación de varios álbumes que no podría grabar, pero graba el álbum Canto por travesura, último de los que realizó.
El golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, el 11 de Septiembre de ese año, lo sorprende en la Universidad Técnica del Estado, y es detenido junto a profesores y alumnos. Lo llevan al Estadio Chile (actualmente "estadio Víctor Jara", lugar en el que hay una placa en su honor con su último poema),  donde permanece detenido varios días. Según numerosos testimonios, lo torturan durante horas, le golpean las manos hasta rompérselas con la culata de un revólver y finalmente lo acribillan el día 16 de Septiembre. El cuerpo es encontrado el día 19 del mismo mes.
Estando preso escribió su último poema y testimonio Somos cinco mil, también conocido como Estadio Chile.

Canto revolucionarioJustamente esa protesta social tuvo su máxima expresión en la Cuba de los años sesenta y setenta con Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Noel Nicola, junto al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, con dos tipos de canciones: por un lado las que apoyaban el modelo revolucionario y por otra, las que denunciaban el avance de las dictaduras en Latinoamérica, la guerra de Vietnam y los genocidios en Camboya. La protesta era hacia afuera, nunca hacia dentro. De ese compromiso moral con los cambios operados en Cuba, fue que nacieron composiciones con marcada tendencia antiimperialista como ‘Cuba va’, convertida en hit.
Canción contestatariaAños más tarde, en casi todo el continente, una nueva generación de cantautores cubanos se encargaría de ser, contrario a las anteriores, algo más contestataria. Uno de los abanderados, Carlos Varela, el ‘Bob Dylan cubano’, llegaba a convertirse en una de las voces más atrevidas de lo que pasó a llamarse la Novísima Trova.
A Varela siempre le ha gustado hacer crónicas, contar historias al estilo de su disco ‘Como los peces´, en el que critica el inmovilismo de la revolución y habla de la desilusión de las nuevas generaciones. “No me gusta hacer fotografías de la realidad, pero sí me gusta reflexionar sobre esa fotografía y esa realidad”, dice a RNW. Oficio que le ha costado muchas críticas dentro de Cuba, incluso la censura de algunos de sus temas en los medios de comunicación.
En su defensa ha salido el propio Silvio Rodríguez, quien también ha evolucionado en el contenido de sus letras, y ahora se muestra más cercano a la realidad cubana actual: “Yerran los que conspiran contra Carlos Varela, porque lo consideran hipercrítico. Yerran los que acusan a Carlos Varela, como emblema de sus propias inconformidades. La realidad siempre es más crítica que cualquier canción: la realidad siempre es más polisémica que nuestras angustias. La canción pensadora, arte difícil y necesario, tuvo, tiene y tendrá el duro oficio de existir entre los avatares sociales y humanos, corriendo el riesgo de los países y de los hombres. Carlos Varela, es un talentoso practicante de este arte y también un talentoso practicado de sus resonancias".


Música contestataria en Latinoamérica 


Las primeras expresiones de protesta en la región se remontan a los corridos de la Revolución Mexicana a inicios del siglo XX, popularizados por el cine mexicano. Se sumaron después las canciones de la Guerra Civil Española y las de la postguerra, llegadas con los inmigrantes a América Latina como símbolo de lucha. Esos vestigios fueron los cimientos de la ola de canciones comprometidas, la mayoría poéticas, surgida en los años sesenta y setenta no sólo en Latinoamérica, sino también en España. Desde finales de la pasada centuria y hasta ahora, estas dos últimas etapas derivaron en la denuncia social a través del rap y el hip hop importados de Estados Unidos.
Un recuento histórico de cómo surgieron y se desarrollaron esas formas musicales de protesta nos acerca a algunos compositores e intérpretes de géneros que tienen mucho en común en su carácter contestatario pero no poético.

Nueva canciónEn los años sesenta, para el entonces joven cantautor argentino Víctor Heredia, la llamada Nueva Canción se había convertido en su ‘razón de vivir’. “En sus inicios, -señala Heredia a RNW-, ese movimiento pretende, en principio, un rescate de la palabra, de la estética, y de la ética con la que debía ‘construirse’ una canción. Hasta entonces se refería prácticamente solo a lo geográfico, antes que incluir el hombre, su trabajo, y sus vicisitudes en el entorno social en que se movía”.
Ese género que se aleja de la canción más superficial para profundizar en lo humano, lo abraza también el cantautor uruguayo Daniel Viglietti. Con su tema ‘A desalambrar’ denuncia el latifundismo de las alambradas como separaciones entre las tierras y las personas. “Es por eso que se le ha llamado canción comprometida, a veces canción de protesta”, advierte Viglietti. “Esto que aquí acordamos llamar ‘canción nueva’, nace sobre todo de una necesidad profunda de la vida, por la desigualdad y la injusticia en América Latina”.


En Junio de 1969, en el cuarto 1742 del Hotel Queen Elizabeth de Montreal, y rodeado de decenas de periodistas y celebridades, John Lennon grabó Give Peace a Chance, que pasó a la historia como el himno del movimiento pacifistaque encabezó junto a Yoko Ono. Pocos meses después sería cantada por más de medio millón de manifestantes en Washington D.C, en el día de la Moratoria para acabar con la guerra de Vietnam, convirtiéndose así en uno de los más poderosos símbolos de unión. Décadas después del asesinato de Lennon, Give Peace a Chance sigue siendo una de las referencias en pro de la paz más importantes en el mundo

War de Edwin Starr ocupó durante varias semanas el puesto #1 en la cartelera Billboard de 1970 y es considerada como una de las mejores canciones de protesta jamás creadas. War fue un intenso reclamo en contra de la guerra de Vietnam. Su idea central: la guerra es absolutamente absurda. Su impacto fue tal, que cuarenta y un años después, tras los ataques del once de septiembre de 2001 en Nueva York, fue incluida en el Memorandum de Clear Channel, una lista de canciones que no debían ser transmitidas por radio o ni televisión durante los días después del ataque.