Música contestataria en Latinoamérica
Las primeras expresiones de protesta en la región se remontan a los corridos de la Revolución Mexicana a inicios del siglo XX, popularizados por el cine mexicano. Se sumaron después las canciones de la Guerra Civil Española y las de la postguerra, llegadas con los inmigrantes a América Latina como símbolo de lucha. Esos vestigios fueron los cimientos de la ola de canciones comprometidas, la mayoría poéticas, surgida en los años sesenta y setenta no sólo en Latinoamérica, sino también en España. Desde finales de la pasada centuria y hasta ahora, estas dos últimas etapas derivaron en la denuncia social a través del rap y el hip hop importados de Estados Unidos.
Un recuento histórico de cómo surgieron y se desarrollaron esas formas musicales de protesta nos acerca a algunos compositores e intérpretes de géneros que tienen mucho en común en su carácter contestatario pero no poético.
Nueva canciónEn los años sesenta, para el entonces joven cantautor argentino Víctor Heredia, la llamada Nueva Canción se había convertido en su ‘razón de vivir’. “En sus inicios, -señala Heredia a RNW-, ese movimiento pretende, en principio, un rescate de la palabra, de la estética, y de la ética con la que debía ‘construirse’ una canción. Hasta entonces se refería prácticamente solo a lo geográfico, antes que incluir el hombre, su trabajo, y sus vicisitudes en el entorno social en que se movía”.
Ese género que se aleja de la canción más superficial para profundizar en lo humano, lo abraza también el cantautor uruguayo Daniel Viglietti. Con su tema ‘A desalambrar’ denuncia el latifundismo de las alambradas como separaciones entre las tierras y las personas. “Es por eso que se le ha llamado canción comprometida, a veces canción de protesta”, advierte Viglietti. “Esto que aquí acordamos llamar ‘canción nueva’, nace sobre todo de una necesidad profunda de la vida, por la desigualdad y la injusticia en América Latina”.
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