REPORTAJE
La
música que nos interesa es aquella que surge desde la calle, que no necesita de
las tribunas massmediaticas para su exposición y que irrumpe como un ruido que
golpea las conciencias, denunciando y construyendo un discurso crítico y que
además ha sido capaz de crear un circuito en donde se genera contracultura, se
escribe acerca de temas específicos, se discute y se producen instancias
subjetivas que producen subversión, consideramos ese tipo de música que se
aleja del mainstream, del negociado de la música, que se niega a ser parte de
las formas que impone el sistema al cual denuncia, utilizando maneras de
trabajo autónomas y autogestionadas, alejándose del modelo impuesto cuyo lema
es: sexo, drogas y rock, evidenciando una manera de producir instancias
grupales que generan una suerte de contracultura, es así como hace ya varios
años en Chile, por ejemplo se ha gestionado una comunidad de personas cuyas
ideas políticas se relacionan y que se niega a perecer, desde estos espacios
han surgido un sinnúmeros de grupúsculos dedicados sobre todo a acciones
políticas de diversas índoles, esto se relaciona de cierta manera con aquella
visión del poder que posee Hannah Arend quien escribe acerca de aquella capacidad
colectiva que posee la comunidad en el marco de lo público, la cual necesita de
cohesión grupal y que se encuentra en total dicotomía con respecto al
autoritarismo, es interesante develar desde aquí la propuesta de comunidad que
se ha construido en torno a este tipo de música; “el poder es el elemento que
surge allá donde los seres humanos se agrupan constituyendo un espacio público
como resultado del despliegue de sus discursos y acciones”[1];entonces
podemos rescatar dicha definición para comprender y darle un sentido a esta
comunidad que espontáneamente ha surgido por el deseo de varios y que ha
permanecido durante varios años bajo la gran premisa del hazlo tu mismo,
existiendo cohesión y generando instancias de poder, por tanto dentro de esta
comunidad se han establecido vínculos para crear nuevas maneras de relaciones,
para estrechar lazos que hacen que la subjetividad mute hacía formas más
humanizadas, en donde la organización es la clave para producir instancias de poder,
para ello es necesario combatir los espacios totalitarios, con el fin de
recuperar el espacio público, en este sentido cobra fuerza el sentido de la
música como plataforma de denuncia, y por sobre todo, como forma de producir
subjetividad, en el sentido que lo plantea Felix Guattarí en su libro
Caosmosis, quien concibe a la subjetividad como
producida por diferentes instancias individuales, colectivas e institucionales
en las cuales los diversos registros semióticos que concurren a engendrar dicha
subjetividad -o subjetividades- no mantienen, de ninguna manera, relaciones
jerárquicas obligadas que sean establecidas de una vez por todas y para
siempre: la subjetividad no conoce ninguna instancia dominante de determinación
que gobierne a las demás instancias como respuesta a una causalidad unívoca, de
esta manera se constituyen variadas formas de vida que guarda relación con la
música, articulada desde una visión crítica de mundo, y que se niega a
estructurarse en la “normopatía” imperante, estamos hablando entonces de algo
más que simple música, es decir podemos comprender un verdadero estilo de vida
que se nutre a partir de la comunidad, y que encuentra su eje en la composición
de la vida como una obra musical y critica.
“¡Sólo en tanto creadores podemos
aniquilar! Pero tampoco olvidemos esto: basta con crear nuevos nombres y
valoraciones y probabilidades, para crear a la larga nuevas ‘cosas’”
(NIETZSCHE, Friedrich, "La ciencia jovial").
[1] Carlos
Pressacco y Pablo Salvat, Política, poder y espacio público en el pensamiento
de Hanna Arendt. Una aproximación desde acá, Pág. 56
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